Gestión emocional en las empresas

Isabel Mora Conceptos 0 Comments

Las emociones y su gestión han constituido una materia muy poco atendida durante muchos años en el ámbito empresarial. Durante demasiado tiempo se consideraban las emociones y los sentimientos como elementos blandos dentro del management. Esto está cambiando, si no por una cuestión de convencimiento, sí de números, ya que se ha demostrado en incontables ocasiones que una empresa saludable emocionalmente es una empresa más rentable y productiva. Por eso, hoy, son habituales las empresas y organizaciones que buscan proponer a sus empleados y empleadas métodos para mejorar su gestión, ya que, como afirmábamos en este mismo párrafo, se ha demostrado que mejorando su gestión, se consiguen personas más felices y desde ese punto de partida, mejores resultados.

Hoy sabemos que las emociones ocupan un lugar fundamental a la hora de tomar decisiones y de pasar a la acción. Desde esta perspectiva, quien sea capaz –tanto individualmente, como en equipo- de gestionar adecuadamente las emociones, será capaz de tomar mejores decisiones y de generar espacios relacionales altamente motivantes. Se puede asegurar que las emociones influyen sobremanera en el trabajo y en las decisiones que todo empleado, empleada o líder debe tomar en el desarrollo de sus funciones.

La gran pregunta de los gestores es si se pueden gestionar las emociones al igual que se gestionan otros procesos y dinámicas dentro de las organizaciones, ya que si fuera así, las personas estaríamos sujetas a determinados elementos fuera de nuestro control, con un gran protagonismo en nuestro comportamiento. La respuesta a esa pregunta es afirmativa, se pueden gestionar las emociones; o mejor dicho sí se pueden gestionar los estados emocionales o sentimientos que suponen una mayor durabilidad y menor intensidad que las emociones propiamente dichas. Su gestión exigirá trabajar desde los tres dominios ontológicos del ser humano: cuerpo, mente y emoción. Todos ellos relacionados cual engranaje, todos ellos abordables, e influyentes unos en los otros.

Para ejecutar esta gestión emocional hay que seguir un sencillo, pero a la vez laborioso proceso, en el que resulta aconsejable la tutela y monitorización de un equipo experto liderado por un psicólogo o psicóloga experto en empresa y en coaching directivo.

  1. Analizar situación actual y definir un objetivo claro alrededor de las emociones predominantes en los equipos de trabajo dentro de la organización.
  2. Formar a los miembros del equipo en las competencias y habilidades necesarias para poder realizar una auto-gestión emocional eficiente y para entender como funcionan nuestros mecanismos emocionales, tanto individualmente como en conjunto.
  3. Siguiendo y monitorizando la puesta en el día a día de esas competencias y habilidades adquiridas, corrigiendo en todo caso las desviaciones si se producen y reforzando los pequeños éxitos en el proceso.

Obviamente, no es un proceso de implantación equiparable a la adquisición de una competencia técnica, ya que necesita un tiempo de asimilación. Y tampoco es un proceso finito en el sentido de que una vez finalizada la implantación de la gestión emocional, esta debe tener una continuidad por parte del equipo directivo y los líderes de la organización.

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